"Tercer Grado": una hora y media con Andrés Manuel. Artículo Ciro Gómez Leyva / Milenio
8 de Junio, 2012
La historia en breve.
Andrés Manuel López Obrador llegó en plan de paz a Tercer Grado y en paz se marchó. Decisión suya. Le habría resultado relativamente sencillo elevar el dramatismo del programa, ponerlo quizá en los bordes del escándalo. Por la razón, estrategia que sea, no lo quiso hacer.
Más trabajo me cuesta comprender su táctica, lo mal que pareció prepararse para un programa con una audiencia garantizada de 10 millones de televidentes. Las preguntas que hicimos fueron las lógicas y nadie le tendió una emboscada. Sin embargo, parecía no tener respuestas. Hora y media sin argumentos renovados, sin sound bites.
Si la estrategia de Enrique Peña Nieto hace 15 días fue apoderarse de cada segundo, supongo que la de López Obrador fue sobrellevar la noche con una repetición ad infinítum de clichés en torno del "cambio verdadero". No fue a Tercer Grado a buscar una pelea de perros, sino a servirse del tiempo y el medio, a hacer un largo spot en vivo.
Yo no lo había visto en seis años. Ya no es el de entonces. De todo lo que dijo, me quedo con cinco palabras que no recuerdo si expresó al aire o en uno de los cortes: "Lo mío es un apostolado".
Por eso no tiene destino pedirle que reconozca sus errores en el tema de las encuestas, o en cualquier otro. Es el evangelizador dogmático, dueño de las verdades absolutas, repelente a cualquier verdad contradictoria.
Lo que cambió fue el papel. Puede ser que hace seis años fuera el Mesías sobre el que escribió brillantemente Enrique Krauze. Hoy persiste la intransigencia propagadora de una doctrina rudimentaria, pero la actitud es de apóstol. Apóstol fatigado.
En lo personal, aprecié su caballerosidad en el saludo y la despedida.
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